La ansiedad

 

La ansiedad es un sistema complejo de respuesta conductual, fisiológica, afectiva y cognitiva (es decir, a modo de amenaza) que se activa al anticipar sucesos o circunstancias que se juzgan como muy aversivas porque se perciben como acontecimientos imprevisibles, incontrolables que potencialmente podrían amenazar los intereses vitales de un individuo.

 

 

Sugerimos cinco criterios que pueden ser usados para distinguir los estados anormales de miedo y ansiedad. No es necesario que todos los criterios estén presentes, pero se podría esperar que muchas de estas características se hallen presentes en los estados de ansiedad clínica. 

 

Cognición disfuncional: la ansiedad se deriva de una asunción falsa que implica la valoración errónea de peligro en una situación que no se confirma mediante la observación directa (Beck et al., 1985)


Deterioro del funcionamiento: La ansiedad clínica interfiere directamente con el manejo efectivo y adaptativo ante la amenaza percibida, y de forma más general en la vida social cotidiana y en el funcionamiento laboral de la persona. La ansiedad clínica suelen interferir con la capacidad de la persona para disfrutar de una vida plena y satisfactoria. 


Persistencia: La persona con ansiedad clínica puede sentir una sensación aumentada de aprensión subjetiva con sólo pensar en una amenaza potencial inminente, independientemente de que llegue o no a materializarse. 


Falsas alarmas que ocurren en ausencia de un estímulo amenazante aprendido o no aprendido. 

 

Hipersensibilidad a los estímulos.

 

 

 

La depresión

 

 

La depresión es un síndrome o agrupación de síntomas de la esfera psíquica y física en el que predominan los síntomas afectivos, sumados a síntomas de tipo cognitivo, volitivo o somático.


La depresión es el trastorno mental más prevalente en la población general, con una prevalencia-año del 3-11% y del 13-25% a lo largo de la vida. Es más frecuente en la mujer que en el varón y suele comenzar en la edad adulta. Al menos la mitad de las personas que padecen depresión experimenta más de un episodio a lo largo de su vida.


La depresión es un fenómeno complejo en cuya génesis intervienen múltiples factores de tipo genético, biológico y psicosocial, sin que hasta la fecha se conozca con certeza el peso específico de cada uno de ellos o sus interacciones íntimas en el origen y evolución de este trastorno.


En las últimas décadas, la depresión se ha convertido en un trastorno cada vez más común y limitante, constituyendo en la actualidad un verdadero problema de salud pública. La repercusión de la depresión sobre el individuo y su entorno es muy notable. Al sufrimiento personal del paciente con depresión se suma el deterioro en su calidad de vida, así como la afectación de su vida familiar y socio-laboral. Por último, y no menos importante, está el riesgo de suicidio asociado.

 

Desde el punto de vista clínico, la depresión se presenta de forma muy heterogénea y con distinta severidad para cada paciente. El humor depresivo o estado de ánimo bajo y la reducción del interés y la capacidad de disfrutar de las cosas (anhedonia) suelen presentarse como los síntomas nucleares del episodio, así como la afectación del funcionamiento social y ocupacional del paciente. Otros síntomas que con frecuencia se observan son:


• Disminución de la vitalidad, la energía y/o el nivel de actividad.


• Enlentecimiento o agitación psicomotora.


• Disminución de la atención y concentración.


• Pensamientos negativos sobre uno mismo y el entorno: pérdida de la confianza, baja autoestima, ideas de culpa e inutilidad, pesimismo…
• Pensamientos o actos suicidas, autoagresiones.


• Trastornos del sueño y del apetito, acompañados a veces de variaciones en peso. Lo más frecuente es el insomnio, la anorexia y la pérdida de peso. La hipersomnia y el incremento de apetito y peso son más raros; cuando aparecen hablamos de formas atípicas de la depresión.


• Reducción de la libido y otras alteraciones de la función sexual.


Con mucha frecuencia los pacientes con depresión presentan ansiedad concomitante, así como molestias somáticas variadas (cansancio, fatiga, astenia, cefalea, artromialgias y otros dolores, palpitaciones, molestias torácicas y/o abdominales, alteración del tránsito intestinal y de la micción…).